Hasta este período, el niño ha avanzado considerablemente en la coordinación motora y perceptiva, lo que le permite una observación más detallada de todo lo que le rodea, algo que se relaciona con una creciente curiosidad.
También logra avances tanto en el conocimiento y control de su cuerpo como en la orientación espacial y temporal.
Progresa notablemente en su capacidad de simbolización. A través de la imitación y el juego simbólico, avanza en el conocimiento de la realidad, apropiándosela, ajustándola a sus deseos, de modo que el juego se convierte en una actividad fundamental para su desarrollo tanto intelectual como afectivo. Utiliza e interpreta diversos símbolos.
Aumenta su capacidad de comunicar sus propias vivencias mediante el dibujo y el lenguaje. Adquiere un mayor dominio del aparato fonador y articula con más precisión todos los sonidos. Amplía considerablemente su vocabulario y mejora en la adquisición de estructuras básicas del lenguaje. Progresa en su capacidad de establecer relaciones cuantitativas, de causa y efecto, etc.
Desarrolla una mayor conciencia de grupo e inicia la relación en pequeños grupos. Comienza a tener amigos y amigas más estables y disfruta de las actividades dirigidas.